miércoles, 1 de abril de 2009

CINE LITERARIO


Días de Matinal

Unas papitas, palomitas con caramelo, Kolcana, una barra de dulces de cristal, chocolatina Jet que se comienza a derretir, estar cogidos de la mano con los hermanos. El mayor siempre adelante, el menor haciendo fila tres horas antes. Ese soy yo. Esperar, desconocer la historia, comer la barra de Charms, saber que estar frente al teatro es el premio por el buen comportamiento en la casa y en el colegio durante la semana, esta recompensa no requiere de avisos de WANTED, pues son solo algunas de las particularidades del cine que vimos.

Desde que María esperó a Efraín en una hacienda del Valle, pasando por el Gran Hotel donde se bailó el bolero de Raquel, porque ahí estaba el detalle para ser un caballero a la medida, un quijote sin manchas, un bombero atómico y un patrullero para terminar siendo don Mario Moreno. Cine con dos criados malcriados, un karateka azteca o un cura de locura, con Viruta y Capulina, con una flor silvestre que estaba enamorada cuando nosotros los pobres y a la sombra de un caudillo, cantábamos la cucaracha, entonces olvidados decidimos irnos con Pacho Villa, creando una familia de tantas en un lugar sin límites.

Siguió todo el spaguetti western y sus matones buenos, malos y feos, con los cuatro del Apocalipsis y los del Ave María, sumados a Ringo, Django y Sartana quienes por un puñado de dólares le ponían precio a la muerte y buscaban a los malos, vivos o muertos, aunque ellos siempre preferían entregarlos muertos. Mientras en otros cines se aseguraba que las colegialas pecaban, amaban pero no mostraban nada frente a las cámaras y la sugerente Silvia Kristel, nos dejaba más de una noche sin dormir.

Todo esto se mezclaba con historietas dibujadas como Kaliman, Arandú, con fotonovelas y con libros que comenzaban a llegar, muchos de ellos de forma clandestina, no porque hicieran parte del Malleus Maleficarum sino porque no eran de fácil acceso en el proceso de ingreso a la modernidad tardía, entonces este nuevo conocimiento nos llevó a saber que existían unos señores famosos que hacían del cine algo que se llamaba arte, cosa que aún hoy no sabemos qué es.

Conocimos a Chaplin, a Buster Keaton, a los hermanos Marx, que siempre pensamos que eran los hijos de Karl. A un señor gordo llamado Orson Wells quien a través de la radio había aterrorizado con una invasión extraterrestre a todo un país, y a un mago del suspenso, un hombre que sabía demasiado de los pájaros y de ventanas indiscretas que con cierta psicosis siempre nos generaban vértigo.

A unos europeos que decían que la vida es dulce y en la que se podía hacer una gran comilona, para luego en un eclipse rojo tener un baile en la ciudad abierta de Roma.

Otros desde el vestidor nos mostraban la infancia de un niño, y nos decían que todo es tan lejos y a la vez tan cerca, y que si no entendíamos esto podríamos tener la ira de Dios. Además de que el rojo, el blanco y el azul no solo eran colores sino también películas, y que después de 400 golpes siempre hay gritos y susurros y que por culpa del satiricón que hizo un Casanova hubo una muerte en Venecia.

Alguien nos dijo que en la strada se la pasa un ladrón de bicicletas y que deambulan hombres sin pasado y mujeres al borde de un ataque de nervios. Que los amantes del círculo polar saben que no obstante los secretos y las mentiras, existe un lado oscuro del corazón. Y que para saber el título de las películas que uno desea exhibir en un cine foro del proyecto de comunidad lectora, siempre existirá el proceso y la lista, porque en Colombia soñar no cuesta nada, ya que todos quieren ser millonarios si tienen una American Visa, y no obstante la Babel lingüística que esto genera, la vida secreta de las palabras y al letrero que dice: “No se lo digas a nadie”, se lo podemos decir a ella; a la mujer de mi hermano y a tu mamá, también.

Muy a pesar de los amores perros, muchos aseguran que la vida es bella y parece un cinema en el paraíso, mientras ellas bailan solas un Habana Blues en un Olimpo que aquí no es sino un garaje de desaparecidos.

Todo puede pasar por estas mágicas imágenes, todo, incluso pueden servir de disculpa para escribir un texto junto a mi vecino Totoro y a la princesa Mononoke, quienes de la mano de Hayao Miyazaki y las trillizas de Belleville nos pueden llevar a descubrir antes del amanecer y antes del atardecer que el cine es una opción para aprender y conocer la diversidad del mundo que nos rodea.

TE LEO


TE LEO

Si de antemano los textos supusieran en sus portadas o en sus prólogos la aventura en la que cada lector se embarca al abrir una página, la tarea como viajeros errantes por los confines del vasto universo literario, valdrían poco la pena, y es que la naturaleza de los viajes está definida por lo que es maravillosamente invisible e increíble. La apuesta por guiar esta aventura en un principio no parece fácil, te enfrentas con la incertidumbre, con las diferentes experiencias, sin embargo con el tiempo se convierte en un viaje de la mano de las letras y a bordo del Te Leo, una solo invitación: juntar letras, en voz alta, que sean parte del equipaje. El Te Leo es una táctica que apunta a la construcción de lectores y escritores, en colegios, escuelas, hogares comunitarios, parques, calles, espacios públicos, bibliotecas, dispuestos a reconocer realidades alternas, en la literatura; es una cruzada por el reconocimiento lúdico de las palabras en la construcción de individuos. Te leo es permitirse la oportunidad de abrir las ventanas de la percepción del alma, del cuerpo, del corazón para que entre y salgan nuevas historias.



Tomas un libro, con mucho cuidado, sin que se le partan las hojas, miras su portada, lo hueles, lo sientes… tiene vida, es tu pasaje de entrada.



Comienzas a leer, esa es la primera parte de la aventura y de ahí se desprenden un sinnúmero de sensaciones que no puedes parar. Los ojos de los niños brillan con un cuento de aventuras, sueñan siendo grandes caballeros que vencen el mal y rescatan princesas, las jóvenes suspiran al sentir que pueden ser hadas o princesas que finalmente encuentran al amor de su vida siendo un sapo horrendo, un abuelo recuerda cuando era niño y una madre sonríe al saber que su cuento se hizo realidad.



Te leo cuando veo imágenes e invento historias, cuando te atreves a escribir y dejas de lado el miedo a ser leído, Te leo es deletrearte ele i ele i a ene a pe qu u e eñe a ce hache i ce a c ele o ere o efe i ele a Te leo es que los oídos estén dispuestos a una voz, que narra algún suceso con el ánimo de animar lo paralizado. Te leo es una hoja de papel iris, que antes hizo parte de un simple arrume en el olvido y que hoy es una historia de elefantes morados con bolas rosadas, de casas en el aire, de peces axolotl, de bicicletas maniobradas por patos, de obreros trotskistas, de monstruos domésticos, de un árbol de naranjas, de colores, de reyes enojados, de palabras que reemplazan las silenciadas por la violencia, la opresión y la indiferencia.

Te leo es leerse, leerte, leernos es simplemente sentir que ya viene lo será leído, es un guayacán rosado florecido por las calles empinadas de alguna comuna en un bus con música popular, es un acento agradable al oído y al corazón.

Te leo y no te das cuenta… pero te leo, solo que aún no te has percatado…

Tú lees, Teleo.

NUESTRO PERIÓDICO


NUESTRO PERIODICO


Contar aquello que la memoria comienza a ver borroso, contar antes que todo termine. Contar a tiempo, para que lo deshecho por el paso de los días, quede intacto. Contar las tardes de primavera y treinta y nueve niños, pegamento y recortes de periódico enredándose entre los pies. Contar el día de ayer, tendidos en el suelo, escuchando las últimas noticias de la comunidad. Contar el miércoles, el martes, el lunes.

Regresar lentamente, hasta encontrar la línea de partida. Encontrar las causas y los efectos de esta construcción literaria llamada Nuestro Periódico. Taller que se hizo amor por la literatura, tambien amistad perdurable con la letra impresa, línea de partida de nuevas lecturas, semilla de letra que se hizo palabra, frase, párrafo, libro.


Contar el sueño con retazos de periódico. Contar como un rio, los años y las noticias, contar la muerte de Jorge Eliecer Gaitán, la primera vuelta a Colombia en bicicleta, el golpe de estado del general Rojas Pinilla, la muerte de Elvis Presley, la huella del primer hombre en la Luna, la visita de Pablo VI, el primer papa que llega a Colombia, el asesinato de Marthin Luther King, los puños victoriosos de Kid Pambele, el premio Nobel de G. G. Márquez, la desaparición de Armero, la visita de Juan Pablo II, segundo papa en Colombia, el accidente nuclear de Chernóbil, los pedalazos heroicos de Lucho Herrera, la caída del muro de Berlín, la muerte de Luis Carlos Galán, la liberación de Nelson Mandela, la victoria de la selección Colombia 5-0 a la selección Argentina, la clonación de la oveja Dolly, la muerte de lady Di, el terremoto de Armenia, el 11 de septiembre, el Tsunami, la muerte, la vida, el comienzo, el fin.


Contar con fragmentos reciclados de historia, las innumerables noticias que nunca suceden en los periódicos locales y menos en los nacionales. Contar la historia de la fábrica, la Plaza, la tienda, la calle, la esquina, la casa, la sala, la cama, la tumba, la cuna, el sueño, el cielo.

Contar lo que la memoria comienza a ver borroso. Contar para conjurar el olvido al que sometemos todo cuanto escapa a nuestra propia existencia.


Esta es la razón por la cual estos fragmentos de periódico han sido renovados. Todos conservan la fuerza del acto presenciado, del sentimiento contenido, del grito acallado. Ninguno de los autores durante la elaboración pretendía universalidad, solo un pequeño reconocimiento por parte de los lectores de esta revista. El deseo en todo momento fue que cada hombre y mujer encuentren en estas páginas de literatura su propia historia.

CARTAS


CARTAS


Una carta para evitar el olvido.
Una carta para contar recuerdos lejanos.
Una carta que se busque cien veces en el baúl para revivir al muchacho valiente, fuerte y alegre que alguna vez existió.
Una carta del joven amante que se hizo esposo.
Una carta que enseñó a amar.
Una carta ardiendo en el cenicero del desamor.
Una carta sin abrir, escondida por años entre las páginas de un libro.
Una carta para desear el bien o el mal, propio o ajeno.
Una carta que conceda perdón y una nueva oportunidad.
Una carta que aplaque el miedo y la soledad del prisionero.
Una carta al interior de una botella, navegando por el mar.
Una carta que viaje sin demora hasta el hijo perdido en tierras extranjeras.
Una carta que alivie al enfermo.
Una carta que alivie al huérfano, al viudo, al padre que escuchó entre sus brazos el último latido del hijo.
Una carta que anuncie pronto regreso.
Una carta de despedida.
Una carta de renuncia.
Una carta prometiendo olvido y nunca más.
Una carta, la última que escribo.
Una carta menos.
Una carta más.


De eso se trata todo: escribir cartas. Esa vieja tradición de andar por el mundo dejando una voz que perdure. Esa voz de los sentimientos que necesita hojas de colores y lápices que la vistan con palabras para descubrirse al otro. A veces lo logra, otras no tanto. La alegría, la melancolía, la nostalgia, la angustia, la envidia, la antipatía, la ansiedad, la amistad, la piedad, la felicidad, la inferioridad, la insatisfacción, la desesperación, el dolor, el odio, el orgullo, el amor, la paz interior, la amargura, la vergüenza, la venganza, la confianza o la desconfianza, perduran en una carta pero se diluyen en el viento cuando no queda constancia de su paso por la tierra.


Perduran cuando el otro, el lector, el destinatario, toma de la mano esos sentimientos hechos papel y los lleve a caminar por los laberintos de su existencia para descubrir quién ha sido, quién es y quién puede ser. Para buscar una salida, tomar una decisión, encontrar consuelo, recordar viejos errores o dolores causados.
He aquí que esta muestra de cartas es solo un fragmento de voz colectiva. Una voz que cada tarde, en los talleres de Lectura, luchaba por no desaparecer o caer en el olvido. Una voz que deseo, perdure por mucho tiempo. Que ese olvido inevitable llegue tarde o se aplace cada vez que abramos estas páginas de literatura. Que los autores y la comunidad se reconozcan en ellas. Que su dedicación no sea vana para nadie y mucho menos para ellos.


Que reciban en estas páginas un sincero reconocimiento.

CAJA VIAJERA



CAJA VIAJERA

Aquí tiene. Están de regreso. Cinco cajas de cartón corrugado simple. Debidamente selladas. En el interior, libros. Es mejor no retirar las estampillas de viaje. Podría dañarlas. Están muy desgatadas ¿Qué de donde son? De hoteles, sociedades portuarias, aeropuertos, terminales de transporte, aduanas, embajadas transoceánicas.
Fíjese usted, esta que ve aquí es del Puerto de Bombay. Esta, la más pequeña de todas, si se acerca un poco, viene de la ciudad de Agadir. Aquí, una etiqueta única de la Ciudad Roja. Esta otra, muy oscura, la obtuvimos cuando cruzamos la Selva Negra. También hay una estampilla del Jardín de Luxemburgo, pero no la encuentro. Sí puedo mostrarle una que contiene las líneas misteriosas de Nazca, obsérvelas, dibujadas en la arena caliente de la pampa Jumana. Esta me gusta mucho, la obtuvimos cuando escalamos la cima helada del Monte Fuji. Aquí, las líneas ferroviarias que cruzan Siberia como una gran cicatriz. Mire, una isla de las bermudas, casi nos perdemos. Aquí tiene una de la Ciudad heroica, pero si me lo pregunta, no vimos un solo pirata.


Y hay otras. Más adelante podemos hablar de ellas. ¿Continuamos? ¿Sí? Bueno.
Los libros están ordenados. Cuéntelos, es mejor estar seguros. Cuidamos mucho de ellos. Si había viento los atábamos con una piolita a una piedra. Si había sol, extendíamos todos los libros sobre un pañuelo palestino de color blanco. Y si llovía, los cubríamos con un paraguas amarillo.


A los niños no les importaba. Muchos se sentaban cerca de las cajas pero otros subían con su libro a una casita de árbol. Un niño quiso leer en un barquito que navegaba con suavidad sobre un lago pequeño, alguien escogió la parte más alta de un edificio y otro se escondió bajo la mesa de parque, donde los padres comían y el niño leía al más pequeño de los hermanos. Otro niño encontró las gradas de un estadio libre de los habituales aficionados. Una niña leyó sentada en la rama más fuerte de un árbol milenario y otra prefirió un columpio. En un puente, tolerando el viento que cierra sus ojos y pasa deprisa las hojas, observé un niño con un libro, sentado en las piernas fuertes del padre. Tres hermanos leían acostados sobre una sabana de las hojas secas y tres hermanos lo hacían a su vez a orillas de una calle extrañamente solitaria, sin autos, sin ruidos, sin luces verdes rojas o amarillas. El más aventurero de ellos gustaba de leer entre los tigres de bengala de un curioso zoológico. Alguien llevó un libro hasta la cama número 39 del único hospital infantil de la ciudad. Hasta aquí lo que puedo recordar, lo que la inconstante memoria se esfuerza por conservar.

Lo que sí cuesta olvidar es que Ellos, los niños, fueron nuestros mejores lectores. No importaba cuanto se alejaran siempre regresaban satisfechos del viaje. No hacían falta pesadas maletas ni tiquetes de avión, tampoco seguros contra accidentes, ni cámaras fotográficas, no hacían falta flotadores, ni pantalonetas de baño, ni bloqueador solar, ni sombrillas. Libros, libros, libros, solo eso necesitaban para viajar. Libros para reír, sufrir, enamorarse de una chica preciosa, coleccionar etiquetas de viaje, caminar por puertos, navegar mares, aguas oceánicas. Libros para llegar a tierra y gritar Tierra. Libros para caminar por playas de arena blanca, para encontrar indígenas precolombinos, animales salvajes, oro tapizando los lechos del rio, para caminar por los bordes irregulares de abismos fríos y oscuros. Libros para construir casitas donde vivir y cuidar de los hijos y enseñarles a construir las mismas casas donde puedan guardar a su vez los mismos hijos.

¿Qué más le puedo decir?
Las cajas nos ayudaron mucho. Tienen razón en llamarlas Cajas Viajeras. Ellas contenían lo único necesario para viajar. Acertamos en venir una tarde por ellas.

Hoy volvemos para regresarlas. Para que otros viajen cuando ya no estemos. Cuando estos niños crezcan y sus hijos necesiten viajar como ellos lo hicieron. Fin del viaje. Todos los viajes tienen fin.
¿Dónde firmo?
¿Aquí?
Ya está. Gracias.
Prometemos volver.

lunes, 30 de marzo de 2009

Feria literaria Santa Cecilia comuna 1 28. 3

TALLER LITERARIO
sabado 28 de Marzo de 2009
Comuna 1 SANTA CECILIA

Taller: VOLVER AL CUENTO…EN POCAS PALABRAS
Promotor: Gabriel Hernández Valencia


En pocas palabras, contamos.
En pocas palabras, las historias toman más que vida.
En pocas palabras, nuestros muertos nos piden un Marlboro para pasar un tinto negro y no perder la costumbre.

En pocas palabras, el mundo se agita y vuelve a respirar.

En pocas palabras, pasan 1001 segundos con sus cortas y serenas noches.
En pocas palabras, los besos y las miradas son pintados en el lienzo del gran artista.
En pocas palabras, la lámpara derrama más que aceite.
En pocas palabras, un maguito corre a volar por las montañas de Antioquia.
En pocas palabras, amanece y con aun patas arriba somos expertos entomólogos.
En pocas palabras, los zaguanes de la casa se cierran, se cierran, se cierran, se cierran…
En pocas palabras, vamos al centro de la tierra, abriendo la escotilla que hay debajo de nuestras camas.
En pocas palabras, vamos a oriente a esculcar los recuerdos de un triste pintor.
En pocas palabras, la luna esta tan solo a un cañonazo.

En pocas palabras, los celos.
En pocas palabras, la soberbia.
En pocas palabras, tres libras de mi carne.

En pocas palabras, el amor que desciende en espiral hasta el averno.
En pocas palabras, el amor prohibido.
En poca palabras el amor o un juego de tiza y piedra.

En pocas palabras, las revistas de glamour y el maquillaje.
En pocas palabras, una boda, una tragedia.
En pocas palabras, dos gatos cantan borrachos por los techos de la ciudad, trip, trip, trip.
En pocas palabras, una serpiente con un elefante en su panza.
En pocas palabras, el mar, el viaje, la tormenta.
En pocas palabras, los ojos de un gato, un péndulo, un corazón y el descenso.
En pocas palabras, el tango y la calles de medallo.
En pocas palabras, 36.500 días de espera.
En pocas palabras, un hombre con un imán gigante.
En pocas palabras, una muerte olvidada por recordarlo todo.
En pocas palabras, un niño enamorado y su enfermera.
En pocas palabras, el doctor Faustroll.
En pocas palabras, las estampillas y las mariposas.
En pocas palabras, las esposas muertas y una llave de oro.
En pocas palabras, pedir diamantes para remojarlos con café en el desayuno.
En pocas palabras, reescribir la historia, rescribir los horizontes, reescribir los 4 ministerios.
En pocas palabras, 7 capítulos en un sanatorio.
En pocas palabras, el sur, siempre el sur.
En pocas palabras, los monstruos del mar.

En pocas palabras, contamos. En pocas palabras, narramos. En pocas palabras, nos inventamos. En pocas palabras las historias nos toman como rehenes y no nos sueltan hasta contarlas…
y ¿Por qué no hacerlo?





la lectura fue de la comunidad
Dirigidos por Liliana hicieron la caja viajera

Los jóvenes de Tribu coordinado por Gloria Vargas

El cine de las trillizas de Belleville deleitó


la plastilina vuelve a tener éxito

Los escritores Maria Teresa Ramirez Uribe y Andrès Garcìa comparetieron con la comunidad

Yesid el cuentero del arca de Noé

Jabrú Títeres

trabajo con madres comunitarias