domingo, 12 de abril de 2009
TERTULIA
martes, 7 de abril de 2009
I.E NUEVO HORIZONTE 31.03
!GRACIAS COMUNA 1¡

TALLER LITERARIO
31 Marzo de 2009
Comuna 01 I.E NUEVO HORIZONTE
Taller: DIFICIL ES EMPEZAR... (SOBRE LA SITUACIÓN EN EL “SHORT TALE”)
Promotor: Gabriel Hernández Valencia
Martes
10:00am.
150 jóvenes después de la línea, más allá del micrófono.
Hablo.
Hablo un poco más.
Se me entiende menos.
Sigo hablando y ya casi ni me escucho. Ya nadie escucha mis palabras, y la verdad es que esta historia empezó ayer. Es una bomba de tiempo.
Lunes, 3:00 pm, oriental con argentina.
- ¡Taxi!, a la 42 con la 110, comuna 1, por favor-
Lo he dicho seco pero cordialmente.
Dentro del taxi, olía como a fresa, como a lavanda, como ambientador “Econo”, marca de un supermercado que al parecer no paga ni impuestos ni fletes. En fin, olía como a limpio, como a bebe recién bañado y asoleado.
A mi lado un señor con modales, peinado y bien puesto.
-buenas tardes, ya se va a largar llover- me dice con una voz que me recuerda a mi abuelo -eh…estos días son como pa´ escribirlos-
Inmediatamente se me activo pues, yo no sé, algo en mi sabia que hacer, sabia cual era el paso siguiente, la pregunta obligada:
-¡Qué clima tan raro! ¿No?- dije.
Luego de pasar con tiempo, la vergüenza que acompaño por dos minutos a mi pregunta, me ofrecí de nuevo al enjuiciamiento de este cauto hombre, que ya a estas alturas manejaba prado arriba:
-en este taxi…mmm…. Usted…ehhhhhehh…..mmm…son muchas las historias, ¿cierto?
-¡eh! ¡Ave maría! Que sí qué. Si este taxi es una bendición. Lo compre con un chance que cogí. Mire yo antes recogía coca…pues…raspachín, me entiende. Yo porque no hice caso, hubiera estudiado y mmm…ya hubiera escrito un libro entero con todo lo que me cuentan aquí en el carro. Mire, se monta una monja y me dice que la otra noche hablo desde que se acostó hasta que amaneció con el patas… también el otro día, un señor se subió y era mirando el reloj. Mire y mire el reloj. Y me empezó a contar, que ese reloj fue lo único que le dejo la mujer, que la bandida lo tiro a la calle y que…-
No sé, pero en este instante, solo hasta este instante entendí.
-… y que lo había abandonado, que pa´ que él seguía trabajando y luchándola, que ya sabía qué hacer, entonces yo le dije, que mirara las cosas con ojos de gato, como me dijo mi abuelo: que mirará cerquita pero lejos, con un ojo el queso y la rata y con el otro la cola de la gata¡¡¡ El señor se quito el reloj, me lo paso y yo sin ton ni son, lo lance por la ventanilla, pare en una esquina y nos tomamos un guaro.
Historias son las que tengo, lo que no se es como contarlas, lo del prologo, las reglas. Yo no estudie...
Ahí, un poco desconcertado, le dije, que lo único que le faltaba era pasarlas a limpio, para tenerlas y presentarlas en un concurso o a una editorial; que el asunto de las reglas realmente no interesan, no sé, pero en este instante, solo hasta este instante entendí, ese impulso de escuchar y escribir, de narrar, de estar atento a la situación del cuento, aquello que nos llama la atención para volverlo historia.
Don Hernando, que después de cancelarle la carrera me dijo su nombre, se alejo en su taxi con la no lejana esperanza que algún día podrá escribir su libro de historias, “el taxista”, “las historias del amarillo” o “Medellín: historias de un taxi” no sé cual será en ultimas el titulo del libro, lo único que sé, es que al fin entendí lo de escuchar una historia.
Alzo la cabeza y sigo hablando.
10: 01 am. El mismo micrófono.
Los mismos 150 jóvenes.
No sé, ya no veo 150 jóvenes, ahora veo 150 historias.
Una real bomba de tiempo.
miércoles, 1 de abril de 2009
CINE LITERARIO

Unas papitas, palomitas con caramelo, Kolcana, una barra de dulces de cristal, chocolatina Jet que se comienza a derretir, estar cogidos de la mano con los hermanos. El mayor siempre adelante, el menor haciendo fila tres horas antes. Ese soy yo. Esperar, desconocer la historia, comer la barra de Charms, saber que estar frente al teatro es el premio por el buen comportamiento en la casa y en el colegio durante la semana, esta recompensa no requiere de avisos de WANTED, pues son solo algunas de las particularidades del cine que vimos.
Desde que María esperó a Efraín en una hacienda del Valle, pasando por el Gran Hotel donde se bailó el bolero de Raquel, porque ahí estaba el detalle para ser un caballero a la medida, un quijote sin manchas, un bombero atómico y un patrullero para terminar siendo don Mario Moreno. Cine con dos criados malcriados, un karateka azteca o un cura de locura, con Viruta y Capulina, con una flor silvestre que estaba enamorada cuando nosotros los pobres y a la sombra de un caudillo, cantábamos la cucaracha, entonces olvidados decidimos irnos con Pacho Villa, creando una familia de tantas en un lugar sin límites.
Siguió todo el spaguetti western y sus matones buenos, malos y feos, con los cuatro del Apocalipsis y los del Ave María, sumados a Ringo, Django y Sartana quienes por un puñado de dólares le ponían precio a la muerte y buscaban a los malos, vivos o muertos, aunque ellos siempre preferían entregarlos muertos. Mientras en otros cines se aseguraba que las colegialas pecaban, amaban pero no mostraban nada frente a las cámaras y la sugerente Silvia Kristel, nos dejaba más de una noche sin dormir.
Todo esto se mezclaba con historietas dibujadas como Kaliman, Arandú, con fotonovelas y con libros que comenzaban a llegar, muchos de ellos de forma clandestina, no porque hicieran parte del Malleus Maleficarum sino porque no eran de fácil acceso en el proceso de ingreso a la modernidad tardía, entonces este nuevo conocimiento nos llevó a saber que existían unos señores famosos que hacían del cine algo que se llamaba arte, cosa que aún hoy no sabemos qué es.
Conocimos a Chaplin, a Buster Keaton, a los hermanos Marx, que siempre pensamos que eran los hijos de Karl. A un señor gordo llamado Orson Wells quien a través de la radio había aterrorizado con una invasión extraterrestre a todo un país, y a un mago del suspenso, un hombre que sabía demasiado de los pájaros y de ventanas indiscretas que con cierta psicosis siempre nos generaban vértigo.
A unos europeos que decían que la vida es dulce y en la que se podía hacer una gran comilona, para luego en un eclipse rojo tener un baile en la ciudad abierta de Roma.
Otros desde el vestidor nos mostraban la infancia de un niño, y nos decían que todo es tan lejos y a la vez tan cerca, y que si no entendíamos esto podríamos tener la ira de Dios. Además de que el rojo, el blanco y el azul no solo eran colores sino también películas, y que después de 400 golpes siempre hay gritos y susurros y que por culpa del satiricón que hizo un Casanova hubo una muerte en Venecia.
Alguien nos dijo que en la strada se la pasa un ladrón de bicicletas y que deambulan hombres sin pasado y mujeres al borde de un ataque de nervios. Que los amantes del círculo polar saben que no obstante los secretos y las mentiras, existe un lado oscuro del corazón. Y que para saber el título de las películas que uno desea exhibir en un cine foro del proyecto de comunidad lectora, siempre existirá el proceso y la lista, porque en Colombia soñar no cuesta nada, ya que todos quieren ser millonarios si tienen una American Visa, y no obstante la Babel lingüística que esto genera, la vida secreta de las palabras y al letrero que dice: “No se lo digas a nadie”, se lo podemos decir a ella; a la mujer de mi hermano y a tu mamá, también.
Muy a pesar de los amores perros, muchos aseguran que la vida es bella y parece un cinema en el paraíso, mientras ellas bailan solas un Habana Blues en un Olimpo que aquí no es sino un garaje de desaparecidos.
Todo puede pasar por estas mágicas imágenes, todo, incluso pueden servir de disculpa para escribir un texto junto a mi vecino Totoro y a la princesa Mononoke, quienes de la mano de Hayao Miyazaki y las trillizas de Belleville nos pueden llevar a descubrir antes del amanecer y antes del atardecer que el cine es una opción para aprender y conocer la diversidad del mundo que nos rodea.
TE LEO

Si de antemano los textos supusieran en sus portadas o en sus prólogos la aventura en la que cada lector se embarca al abrir una página, la tarea como viajeros errantes por los confines del vasto universo literario, valdrían poco la pena, y es que la naturaleza de los viajes está definida por lo que es maravillosamente invisible e increíble. La apuesta por guiar esta aventura en un principio no parece fácil, te enfrentas con la incertidumbre, con las diferentes experiencias, sin embargo con el tiempo se convierte en un viaje de la mano de las letras y a bordo del Te Leo, una solo invitación: juntar letras, en voz alta, que sean parte del equipaje. El Te Leo es una táctica que apunta a la construcción de lectores y escritores, en colegios, escuelas, hogares comunitarios, parques, calles, espacios públicos, bibliotecas, dispuestos a reconocer realidades alternas, en la literatura; es una cruzada por el reconocimiento lúdico de las palabras en la construcción de individuos. Te leo es permitirse la oportunidad de abrir las ventanas de la percepción del alma, del cuerpo, del corazón para que entre y salgan nuevas historias.
Tomas un libro, con mucho cuidado, sin que se le partan las hojas, miras su portada, lo hueles, lo sientes… tiene vida, es tu pasaje de entrada.
Comienzas a leer, esa es la primera parte de la aventura y de ahí se desprenden un sinnúmero de sensaciones que no puedes parar. Los ojos de los niños brillan con un cuento de aventuras, sueñan siendo grandes caballeros que vencen el mal y rescatan princesas, las jóvenes suspiran al sentir que pueden ser hadas o princesas que finalmente encuentran al amor de su vida siendo un sapo horrendo, un abuelo recuerda cuando era niño y una madre sonríe al saber que su cuento se hizo realidad.
Te leo cuando veo imágenes e invento historias, cuando te atreves a escribir y dejas de lado el miedo a ser leído, Te leo es deletrearte ele i ele i a ene a pe qu u e eñe a ce hache i ce a c ele o ere o efe i ele a Te leo es que los oídos estén dispuestos a una voz, que narra algún suceso con el ánimo de animar lo paralizado. Te leo es una hoja de papel iris, que antes hizo parte de un simple arrume en el olvido y que hoy es una historia de elefantes morados con bolas rosadas, de casas en el aire, de peces axolotl, de bicicletas maniobradas por patos, de obreros trotskistas, de monstruos domésticos, de un árbol de naranjas, de colores, de reyes enojados, de palabras que reemplazan las silenciadas por la violencia, la opresión y la indiferencia.
Te leo es leerse, leerte, leernos es simplemente sentir que ya viene lo será leído, es un guayacán rosado florecido por las calles empinadas de alguna comuna en un bus con música popular, es un acento agradable al oído y al corazón.
Te leo y no te das cuenta… pero te leo, solo que aún no te has percatado…
Tú lees, Teleo.
NUESTRO PERIÓDICO

Contar aquello que la memoria comienza a ver borroso, contar antes que todo termine. Contar a tiempo, para que lo deshecho por el paso de los días, quede intacto. Contar las tardes de primavera y treinta y nueve niños, pegamento y recortes de periódico enredándose entre los pies. Contar el día de ayer, tendidos en el suelo, escuchando las últimas noticias de la comunidad. Contar el miércoles, el martes, el lunes.
Contar el sueño con retazos de periódico. Contar como un rio, los años y las noticias, contar la muerte de Jorge Eliecer Gaitán, la primera vuelta a Colombia en bicicleta, el golpe de estado del general Rojas Pinilla, la muerte de Elvis Presley, la huella del primer hombre en la Luna, la visita de Pablo VI, el primer papa que llega a Colombia, el asesinato de Marthin Luther King, los puños victoriosos de Kid Pambele, el premio Nobel de G. G. Márquez, la desaparición de Armero, la visita de Juan Pablo II, segundo papa en Colombia, el accidente nuclear de Chernóbil, los pedalazos heroicos de Lucho Herrera, la caída del muro de Berlín, la muerte de Luis Carlos Galán, la liberación de Nelson Mandela, la victoria de la selección Colombia 5-0 a la selección Argentina, la clonación de la oveja Dolly, la muerte de lady Di, el terremoto de Armenia, el 11 de septiembre, el Tsunami, la muerte, la vida, el comienzo, el fin.
Contar con fragmentos reciclados de historia, las innumerables noticias que nunca suceden en los periódicos locales y menos en los nacionales. Contar la historia de la fábrica, la Plaza, la tienda, la calle, la esquina, la casa, la sala, la cama, la tumba, la cuna, el sueño, el cielo.
CARTAS

Una carta para evitar el olvido.
Una carta para contar recuerdos lejanos.
Una carta que se busque cien veces en el baúl para revivir al muchacho valiente, fuerte y alegre que alguna vez existió.
Una carta del joven amante que se hizo esposo.
Una carta que enseñó a amar.
Una carta ardiendo en el cenicero del desamor.
Una carta sin abrir, escondida por años entre las páginas de un libro.
Una carta para desear el bien o el mal, propio o ajeno.
Una carta que conceda perdón y una nueva oportunidad.
Una carta que aplaque el miedo y la soledad del prisionero.
Una carta al interior de una botella, navegando por el mar.
Una carta que viaje sin demora hasta el hijo perdido en tierras extranjeras.
Una carta que alivie al enfermo.
Una carta que alivie al huérfano, al viudo, al padre que escuchó entre sus brazos el último latido del hijo.
Una carta que anuncie pronto regreso.
Una carta de despedida.
Una carta de renuncia.
Una carta prometiendo olvido y nunca más.
Una carta, la última que escribo.
Una carta menos.
Una carta más.
De eso se trata todo: escribir cartas. Esa vieja tradición de andar por el mundo dejando una voz que perdure. Esa voz de los sentimientos que necesita hojas de colores y lápices que la vistan con palabras para descubrirse al otro. A veces lo logra, otras no tanto. La alegría, la melancolía, la nostalgia, la angustia, la envidia, la antipatía, la ansiedad, la amistad, la piedad, la felicidad, la inferioridad, la insatisfacción, la desesperación, el dolor, el odio, el orgullo, el amor, la paz interior, la amargura, la vergüenza, la venganza, la confianza o la desconfianza, perduran en una carta pero se diluyen en el viento cuando no queda constancia de su paso por la tierra.
Perduran cuando el otro, el lector, el destinatario, toma de la mano esos sentimientos hechos papel y los lleve a caminar por los laberintos de su existencia para descubrir quién ha sido, quién es y quién puede ser. Para buscar una salida, tomar una decisión, encontrar consuelo, recordar viejos errores o dolores causados.
He aquí que esta muestra de cartas es solo un fragmento de voz colectiva. Una voz que cada tarde, en los talleres de Lectura, luchaba por no desaparecer o caer en el olvido. Una voz que deseo, perdure por mucho tiempo. Que ese olvido inevitable llegue tarde o se aplace cada vez que abramos estas páginas de literatura. Que los autores y la comunidad se reconozcan en ellas. Que su dedicación no sea vana para nadie y mucho menos para ellos.
Que reciban en estas páginas un sincero reconocimiento.
CAJA VIAJERA

Aquí tiene. Están de regreso. Cinco cajas de cartón corrugado simple. Debidamente selladas. En el interior, libros. Es mejor no retirar las estampillas de viaje. Podría dañarlas. Están muy desgatadas ¿Qué de donde son? De hoteles, sociedades portuarias, aeropuertos, terminales de transporte, aduanas, embajadas transoceánicas.
Fíjese usted, esta que ve aquí es del Puerto de Bombay. Esta, la más pequeña de todas, si se acerca un poco, viene de la ciudad de Agadir. Aquí, una etiqueta única de la Ciudad Roja. Esta otra, muy oscura, la obtuvimos cuando cruzamos la Selva Negra. También hay una estampilla del Jardín de Luxemburgo, pero no la encuentro. Sí puedo mostrarle una que contiene las líneas misteriosas de Nazca, obsérvelas, dibujadas en la arena caliente de la pampa Jumana. Esta me gusta mucho, la obtuvimos cuando escalamos la cima helada del Monte Fuji. Aquí, las líneas ferroviarias que cruzan Siberia como una gran cicatriz. Mire, una isla de las bermudas, casi nos perdemos. Aquí tiene una de la Ciudad heroica, pero si me lo pregunta, no vimos un solo pirata.
Y hay otras. Más adelante podemos hablar de ellas. ¿Continuamos? ¿Sí? Bueno.
Los libros están ordenados. Cuéntelos, es mejor estar seguros. Cuidamos mucho de ellos. Si había viento los atábamos con una piolita a una piedra. Si había sol, extendíamos todos los libros sobre un pañuelo palestino de color blanco. Y si llovía, los cubríamos con un paraguas amarillo.
A los niños no les importaba. Muchos se sentaban cerca de las cajas pero otros subían con su libro a una casita de árbol. Un niño quiso leer en un barquito que navegaba con suavidad sobre un lago pequeño, alguien escogió la parte más alta de un edificio y otro se escondió bajo la mesa de parque, donde los padres comían y el niño leía al más pequeño de los hermanos. Otro niño encontró las gradas de un estadio libre de los habituales aficionados. Una niña leyó sentada en la rama más fuerte de un árbol milenario y otra prefirió un columpio. En un puente, tolerando el viento que cierra sus ojos y pasa deprisa las hojas, observé un niño con un libro, sentado en las piernas fuertes del padre. Tres hermanos leían acostados sobre una sabana de las hojas secas y tres hermanos lo hacían a su vez a orillas de una calle extrañamente solitaria, sin autos, sin ruidos, sin luces verdes rojas o amarillas. El más aventurero de ellos gustaba de leer entre los tigres de bengala de un curioso zoológico. Alguien llevó un libro hasta la cama número 39 del único hospital infantil de la ciudad. Hasta aquí lo que puedo recordar, lo que la inconstante memoria se esfuerza por conservar.
Lo que sí cuesta olvidar es que Ellos, los niños, fueron nuestros mejores lectores. No importaba cuanto se alejaran siempre regresaban satisfechos del viaje. No hacían falta pesadas maletas ni tiquetes de avión, tampoco seguros contra accidentes, ni cámaras fotográficas, no hacían falta flotadores, ni pantalonetas de baño, ni bloqueador solar, ni sombrillas. Libros, libros, libros, solo eso necesitaban para viajar. Libros para reír, sufrir, enamorarse de una chica preciosa, coleccionar etiquetas de viaje, caminar por puertos, navegar mares, aguas oceánicas. Libros para llegar a tierra y gritar Tierra. Libros para caminar por playas de arena blanca, para encontrar indígenas precolombinos, animales salvajes, oro tapizando los lechos del rio, para caminar por los bordes irregulares de abismos fríos y oscuros. Libros para construir casitas donde vivir y cuidar de los hijos y enseñarles a construir las mismas casas donde puedan guardar a su vez los mismos hijos.
¿Qué más le puedo decir?
Las cajas nos ayudaron mucho. Tienen razón en llamarlas Cajas Viajeras. Ellas contenían lo único necesario para viajar. Acertamos en venir una tarde por ellas.
Hoy volvemos para regresarlas. Para que otros viajen cuando ya no estemos. Cuando estos niños crezcan y sus hijos necesiten viajar como ellos lo hicieron. Fin del viaje. Todos los viajes tienen fin.
¿Dónde firmo?
¿Aquí?
Ya está. Gracias.
Prometemos volver.

