lunes, 2 de marzo de 2009

El PALO, comuna 4 sector aranjuez 28 .2

El palo de la cuadra El palo
Sábado 28 de Febrero de 2009
Comuna 4 “la cuadra del palo”
Taller: “¡AH! LA POESÍA”
Promotor: Gabriel Hernández Valencia

“¡AH! LA POESÍA” “¡AH! LA POESÍA” “¡AH! LA POESÍA”
Binomio fantástico del lenguaje: pasión y escritura, palabras y colores, imágenes y olores. “¡AH! LA POESÍA” “¡AH! LA POESÍA” “¡AH! LA POESÍA”
Palabras que evocan y se sienten como un implante de color debajo de la piel.
Tejido de escrituras que bifurcan los sentidos. Linealidades de los sabores, movimiento efímero del existir. ¿Qué sientes antes de dormir? ¿De qué hablas antes de pensar?
“¡AH! LA POESÍA” “¡AH! LA POESÍA” “¡AH! LA POESÍA”
Alguna vez dijo Proust que lo mejor de vivir, de la desidia de vivir, radica en toparse con la poesía.
Alguna vez dijo Cortázar que lo peor de vivir, de lo hermoso de vivir, radica en no toparse con la poesía.
Alguna vez dijo Borges que lo inconcebible de la vida, de lo maravilloso de la vida, es no vivirla con poesía.
“¡AH! LA POESÍA” “¡AH! LA POESÍA” “¡AH! LA POESÍA”
Quiero estar despierto cuando la poesía venga a visitar mi soledad; cantarle un poco de conciencia, con estas flores recibirle y besarle con un poco de lluvia ardiente.
Un reptil recorre mis venas y anuda mis cuerdas vocales, es la poesía de mi destino que se apodera de mí, en un cuarto oscuro y una canción.
“¡AH! LA POESÍA” “¡AH! LA POESÍA” “¡AH! LA POESÍA”
Ambrosia entre el paladar, creación de este Medellín que se inunda de respiraciones mudas, habitante del ocio y cornisa del alba. Medellín te sobra hambre y pasarela, te falta poesía entre tus calles, callejones y estrechos y un poco de son para bailar tus montañas.
Vivir la poesía de esta Medellín que duerme entre ríos, que despierta entre gritos; ofrecerle poesía a esta Medellín vista desde sus rojos ladrillos y luces amarillas.“¡AH! LA POESÍA” “¡AH! LA POESÍA” “¡AH! LA POESÍA”.

La feria engolosinó

JABRÜ con una nueva obra


Las madres participaron
El Palo
Sector Aranjuez
Comuna 4
Josué Carantón Sánchez

María Angélica tenía una cita conmigo.
Desde el día en que me dijo que la llamara y fuéramos a almorzar, esperé con ansiedad el momento.
Llegó puntual al sitio acordado y un breve saludo fue nuestra manera de manifestar el hecho de habernos podido ver después de tantos años.
Caminamos por las calles repletas de gente del centro de la ciudad, que en día de pago se convierten en un caos, tanto vehicular como peatonal.
Gente de afán, gente con paquetes, con niños, con deseos de entrar a los centros comerciales y controlar al comprar, el stress que les produce la repetitiva cotidianidad.
Decidimos caminar por Junín e ir a Versalles a almorzar.
Allí la atención nos hace sentir como en casa.
Para variar la niña no toma sopa ni come verduras, solo para variar.
La carne se deshace en la boca, la ensalada mezcla perfecta.
Luego un helado y un café.
Yo para variar riego el agua y me siento lerdo.
En fin, no sé qué me pasa y le doy poca importancia a ese hecho.
Leo para M.A. en voz alta algo de Bernhard Schlink que encuentro en El lector,…negar una relación es una manera de socavarla tan grave como otras formas de traición más espectaculares.
Ella sin inmutarse desvía el tema a lugares menos pantanosos y comprometedores, así que decidimos salir a caminar.
Deambulamos y ella no sabe para dónde vamos, yo menos.
Solo quiero estar a su lado, rozar mi mano con la suya.
Entramos a un mercado artesanal.
Pasamos por infinidad de puestos, que muestran las mismas y repetidas cosas, sin creatividad, sin innovación, solo el mismo re- re, como si la postmodernidad estética, también hubiese aplicado para los artesanos.
Salimos de allí sin comprar nada, solo algún comentario sobre molas y nuestras respectivas estadías en Urabá es lo que nos permite tener una mirada distinta del cuento artesanal, lo demás, nos parece perverso.
De allí caminamos al Astor a comprar trufas de las cuales estaba debiendo una docena.
Pago mi deuda y proseguimos para el edificio Coltejer donde pasamos por un puesto de revistas donde pregunto por una revista de arte que necesito, al no estar el número requerido proseguimos la procesión y deambulamos por calle llenas de peatones.
Caminamos hasta que llegamos a una estación de Metro y a punto de cruzar el torniquete, MA decide quedarse y acompañarme a la feria para conocer a mis amigos y saber en qué he dedicado mi tiempo los últimos meses. Yo creo que me quiere espiar.
El viaje hasta el Palo se hace en taxi.
El taxista al existir una carrera que se llama el Palo, no sabe dónde es; cuando le damos la dirección, duda y piensa que es para el otro lado, así que solo le decimos que es junto a la estación Tricentenario, el con dudas sigue su camino, nosotros, sólo, esperamos llegar a tiempo.
Al llegar la calle está cerrada con unos juegos y las carpas de Comunidad Lectora están llenas de niños y sus acompañantes. Saludamos a los líderes y como dicen los neolingüistas de discurso, y a las lideresas. Luego damos comienzo a unas lecturas por parte de Liseth, los niños y las niñas con sus caritas pintadas observan y están atentos, en sus ojos se nota la alegría que traen estos eventos y la expectativa es grande.
En un Mandala de buena energía se da comienzo en la calle al taller de plastilina, el círculo en el suelo le da el toque mágico que le faltaba a la tarde y vas de 50 niños se involucran a realizar las imágenes que su imaginación les brinda.
Mientras tanto en las carpas…
El escritor Fernando Cuartas lee su obra y hace un taller con los mayores y los jóvenes dónde se leen y se construyen colectivamente poemas y Jabrú organiza el teatrino.
MA deambula por los distintos sitios, observa y se detalla encada uno de ellos. Por fin el grupo de títeres Jabrú inicia la función y todos nos dedicamos a ver al sapo enamorado de una pata, que nos traen esta vez, la lechuza lectora y el tortugo rumbero.
Carolina la joven que pintó los rostros de los niños, sonríe satisfecha por el resultado del evento. Juan Carlos reparte los refrigerios y la gente agradece por la tarde que pasaron.
Con un mucho de nostalgia partimos hacía la estación y dejamos un sector de la comuna 4 donde la gente con su hospitalidad nuevamente nos acoge y nos recibe con los brazos abiertos.
Llegamos a Carlosé para evaluar el proceso y yo observo que la nostalgia me comienza a invadir, pues también pasaran muchos días para que pueda volver a ver a María Angélica.
Ella se despide, en su rostro se nota el cansancio y el agotamiento de su trabajo.
Pasado mañana tendrá que estar en un pueblo lejano, nuevamente atendiendo pacientes, y haciendo consulta, para luego continuar, al siguiente mes, en otro nuevo municipio y así…
Nosotros mañana y pasado y el que sigue, para otro barrio, para otra feria, con otras gentes continuaremos también en nuestro proceso preventivo.



El escritor leyó su obra y divirtió

La plastilina para los nenes

La caja viaja y encanta con sus cuentos

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