VIERNES 6 DE FEBRERO DE 2008CAJA VIAJERA
BARRIO PICACHITO… SECTOR LAS CARMELITAS.
En medio de una tarde un poco mojada, se desarrollo la feria en este lugar de la ciudad, en un ambiente de tranquilidad y alegría por parte de los asistentes a la feria, quienes se vieron muy entusiasmados a la hora de leer y contar en nuestra propia voz algunos cuentos que estaban en nuestra caja viajera. Por lo que pudimos notar, no han sido muchas las ocasiones en las que les han narrado o leído cuentos en voz alta y esto llenó de regocijo y encanto a los oyentes y por supuesto a nosotros, al ver que ellos estaban entretenidos disfrutando de nuestra propuesta de creación oral.
En este encuentro con estos niños y niñas necesitados del poder de las letras, podemos descubrir esa infancia que va transcurriendo lentamente en la ciudad, pero que también lentamente se va muriendo, la va matando el acelere y el estrés que circula por sus calles, la va matando los deseos de tener dinero, el deseo de alejarse de esos cordones de pobreza que no dejan crecer a nadie y por supuesto el deseo de ser grandes para trabajar y no tener que sufrir o dejar que sus familias sufran por falta de dinero.
Esta aunque no es una reflexión que haya surgido en este sector, sino que ha ido soltando su larga pita desde el inicio de las ferias, ha tomado forma y ha elevado su vuelo precisamente en esta comuna que no es un eslabón suelto de la interminable cadena de pobreza y desempleo que vive la ciudad y que una de sus nefastas consecuencias, es que los niños cada vez a más temprana edad vayan perdiendo la inocencia y la alegría propia de los niños.
La lectura de los cuentos es una buena alternativa para regresarlos de alguna manera al mundo de la inocencia y la fantasía, a ese mundo del que no debieron haber salido nunca, pero al que lamentablemente regresan luego de haber terminado la feria, ese mundo algo hostil y peligroso para el crecimiento, ese mundo que mutila cualquier pensamiento y conduce al abismo que han caído la mayoría de adultos de nuestra ciudad, un mundo poco amistoso, violento y sobre todo sumido en la desesperanza.
El mayor regalo que podemos dejarle a estos niños y niñas de estos barrios es justamente un cuento dando vueltas en su cabeza, un cuento que los adentre por senderos más bonitos y con menos balas, un mundo más solidario, donde los niños también tienen la palabra y no son la pieza marginada, la ficha olvidada de ese ajedrez que los adultos juegan a sus espaldas, sino por el contrario una ficha importante en la construcción de ciudad.
PlaticreandoPaulo Cesar David
6 de Febrero de 2009.
Sector las Carmelitas. Barrio Picachito.
Desde el lugar donde un Picacho toca el firmamento de una parte de Medellín, fue posible soñar y crear personajes de cuentos. Por la levedad de estas creaciones los sueños de libertad de una comunidad fueron posibles, en el reino de lo mágico. Un grupo aproximado de 35 niños y niñas disfrutaron del ejercicio de Plasticreando. Siguieron coordinadamente las instrucciones en la creación de un personaje en plastilina. Se hizo énfasis en las mezclas de colores, armonía cromática, construcción en volumen utilizando las figuras geométricas elementales. En este tipo de actividades es evidente el uso de la motricidad fina, y de esta forma manifestar una eficiente coordinación de las manos con la mente, en la ejecución creativa. Para la caracterización del personaje se formularon preguntas a los niños y niñas, lo que permitía desarrollar conjuntamente un figurín con las descripciones que todos aportaban, teniendo en cuenta las lecturas que se habían hecho con anterioridad. Al final del ejercicio la gran mayoría termino su personaje.

06/02/2009
TALLER DE LECTURA
COMUNA 6
BARRIO PICACHITO- SECTOR LA CARMELITA
PROMOTOR DE LECTURA: JUAN MORILLO
Un señor muy viejo, comienza el niño de siete años, con barba muy larga y blanca. Tambien tiene una capa violeta y pantalones negros, grita una niña de vestido florido y chupeta de colores en la mano. Vive en un bosque de arboles gigantes, sigo con la historia por ser mi turno, pájaros y conejos gigantes, hierba del tamaño de un edificio, fieras tres veces más grandes que los conejos y un rio muy, muy, muy ancho y proceloso. ¿Y en el rio habían… ballenas y… pulpos y… pescaditos? Pregunta una morenita de ojos azabache.
Sí, claro que habían ballenas, pulpos, pescaditos y tambien tiburones, tortugas, caracoles y estrellas de mar. Y el anciano iba a bañarse todas las mañanas a ese rio dice un colegial de uniforme azul claro con rayas amarillas. Y cazaba conejos con un arco y unas flechas dice la abuelita del colegial. Y tenía su casa en la punta de una hoja de hierba, digo señalando con mi dedo el jardín del parque donde realizamos el taller. Y todos los días, sigo contando, recorría el bosque con un libro de plantas medicinales en su mochila de cuero de serpiente, donde guardaba tambien un mapa para no perderse, sándwiches de conejo para la hora del almuerzo y una lupa para ver mejor porque empezaba a perder la vista.
Un día mientras caminaba se encontró a una princesa muy, muy, muy pequeñita, dice una niña que sostiene a su hermanita en las piernas. Y para que la viera, tomó la palabra uno de los auxiliares encargado del sonido de la carpa que tiene Comunidad Lectora, esa princesita tuvo que tirar del pantalón y hacer caer al anciano para alcanzar sus ojos cuando estuviera en el suelo y que de ese modo pudiera verla. Entonces el viejo sacó su lupa y la puso delante de la princesita, dijo una niña de ojos azules y cabello rubio. Era una princesita muy linda, como mi nieta, dijo una abuelita entre risas contenidas por sus fuertes manos. Y todos miramos a la nieta y sí, así de linda debía de ser la princesita.
Entonces el viejo, dice una estudiante de sudadera y tenis, le preguntó que hacía por ahí, solita, en unas tierras tan peligrosas, llena de fieras y animales que podían comérsela. He vivido muchos años mas que tú en este bosque y nada peligroso me ha sucedido ni me sucederá, digo yo sorprendido de mis palabras, pero todos los días te he visto pasar por estas tierras con ese extraño modo de caminar (hago una torpe representación con mi cuerpo de cómo caminaría el viejo y todos ríen) con tu mochila llena de cosas y esa canción que siempre tarareas y que escucho desde muy lejos. El viejo se sorprendió de las palabras, dice una señorita que se toma del brazo de su novio, y le preguntó por qué le decía todo eso. Y una niñita de trenzas negras no tardó en responder: Es que estoy enamorada de ti le dijo la princesita.
Pero yo soy muy alta para ti y tu muy pequeñita para mí, dice Gabriel Poetry Hernández (promotor de lectura de Comunidad Lectora) que respondió el viejo sin quitar la lupa de la princesita.
Pero la princesita, sigo la historia, le respondió lo siguiente: Dime si es posible que me ames y te diré si es posible que yo pueda dejar de ser pequeña o tú de ser grande. Te amaría aunque fueras por siempre tan pequeñita como ahora, responde un ama de casa que sostiene en los brazos a su hija más pequeña. Entonces la princesita le pidió al viejo, dijo el novio de la jovencita sin soltarle el brazo, que atrapara un zorro y se lo trajera para que ella pudiera viajar al fin del mundo donde su madre podría cumplir sus deseos si descubría en su mirada el amor del viejo de lupa y mochila.
No tardaré en traerte el zorro dijo la niña morenita de ojos miel que dijo el viejo. Tomó su arco y las flechas y aunque nunca había visto un zorro, digo yo que dijo el viejo, te lo traeré así tambien deba viajar al fin del mundo. ¿Y sí consiguió el zorro? Pregunta un niño con delantal de cuadritos azules y lonchera. ¡Claro que sí mi amor! Responde su mamá y le da un beso en la mejilla. ¿Y la princesita sí llegó a donde su mamá? Sí mí amor ¿Y qué pasó? Sucedió, responde la promotora de lectura de ojos miel y cabello rojo desordenado como voraz incendio, que la mamá de la princesita nunca descubrió el amor del anciano en sus ojos ¿Pero por qué? gritan todos. Lo mismo se preguntó la princesita, aclaro, con preocupación ¿Cómo así que no la amaba? escucho las quejas de los niños, las abuelitas, los abuelitos, las amas de casa, los jóvenes bachilleres, los novios e incluso de los promotores de lectura y los auxiliares del sonido y la carpa.
Lo que sucedió, responde, un niño de pantaloneta con un balón en sus pies, fue que la princesita regresó a toda velocidad hasta la tierra de todas esas cosas gigantes y encontró al anciano convertido en piedra en el mismo suelo donde se habían conocido ¿Se murió el viejito? Pregunta el niño, con delantal de cuadros azules, a su mamá ¡No sé mi amor, creo que sí? ¿Por qué mamá? Vuelve a preguntar el mismo niño con ojos angustiados. Esperemos a que terminen de contar la historia, responde la madre apretando a su hijo para protegerlo de una terrible noticia.
Cuando la princesita partió montada encima del zorro, digo yo un poco entristecido por el rumbo que tomó la historia, el viejo se sentó, en el mismo sitio donde hablaron por primera vez y en donde se separaron, a esperar el regreso de su amada. Los días pasaron, los años pasaron, los siglos pasaron y el viejo nunca se movía, ni para alimentarse ni beber agua, y a los siglos le sucedieron otros siglos y la princesita no regresaba. La tierra de tantos años se fue acumulando en la superficie de su cuerpo, sus articulaciones se fueron endureciendo, los dientes de su boca se cerraron formando una sola lámina amarilla y de las fosas nasales comenzó a salir limadura de piedra y musgo. Con el tiempo sus ojos se apagaron y dejó de ver.
Finalmente en su cabeza solo quedó la imagen de su princesita vestida de tafetán blanco, montada encima del zorro, diciéndole adiós con su mano desde la distancia. El último día, antes de convertirse en piedra, recibió la visita de una mariposa que se posó en lo que antes era su nariz y ahora solo un pedazo cortante de mineral, y le habló del siguiente modo: A muchos hombres el corazón se les ha vuelto piedra esperando el amor. ¿Cómo podre decirle a mi hija que solo queda una roca del hombre que tú fuiste? Dile, musitó con su último aliento el viejo, que aun la espero.
Nota: Esta historia no es mía y aunque la escribí, ninguno de sus personajes me pertenece. Mi trabajo fue trasladar al papel lo que escuche de todos los participantes del Taller de Lectura que se llevó a cabo, con el apoyo de la comunidad, en el sector de la Carmelita, barrio Picachito, Comuna 6.
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