Martes 10 de Febrero de 2009
Taller “cartas”
Grupo decimo II
I.E San Vicente De Paul “El Diamante”
Comuna: 7
Promotor: Gabriel Hernández
¿Por que escribimos cartas?
¿En qué circunstancias escribimos una carta?
¿Porque es tan complejo escribir una carta?
Es curioso que en estos talleres, que si bien son dirigidos a la sensibilización de jóvenes, en los cuales el hábito o la costumbre de escribir cartas ya ha sido remplazada por enviar mails en monosilábicos o con iconos redundantes y poco seductores o esquelas o simples notas al margen del cuaderno con una árida sigla en el gran horizonte de lo sintético: TQMNCEGSAHLE (TE QUIERO MUCHO NUNCA CAMBIES ERES GENIAL SIMPRE AMANDOTE HASTA LA ETERNIDAD); es ahí que estas preguntas del encabezado resulten como ecos de lo latente, como pálpitos de lo que es irremediable: las grandes torres de babel cayeron, las memorias de Adriano se fueron mar adentro y a los castillos del padre les entro la luz a los calabozos.
Este hecho es igual de curioso en nuestra educación, viéndolo desde el momento en el cual se abre la posibilidad de acceder a este género, se imparte una indicación como para formar telefonistas o asistentes, es decir, si bien la escritura de una carta formal o administrativa es de importancia, la cultura de la correspondencia, de enviar en un objeto como la epístola un mar de gritos y de glifos, de vacios, de imposibles o en el mejor de los casos, remitir por ocio un poco de lo absurdo de vivir, se ha desvanecido; el propósito de este taller es volver al habito de la intimidad, del egoísmo y hasta del hedonismo, de conservar en los lindes de la hoja un pensamiento sobre lo que pasa, y es así de vano, lo que simplemente acontece en el ejercicio de hincarse con un poco de fuego a la tierra y ver pasar al viento.
¿En qué consiste este gesto primario?
¿Escribir anotaciones de nuestro pensamiento?
¿Es posible arder con la propia escritura al remitirnos una carta, la más intima de todas?
Para este taller se planteó entonces, el ejercicio de escribir una carta dirigida a sí mismo, dejando en varios de los escribas cicatrices en este terreno tan cálido, de develarse como una escritura pura y llena de enmendaduras a pesar de su corta edad; en este espacio de lectura como de escritura, podemos encontrar aquella circunstancias complejas para escribir una carta, es decir, los poros y las respiraciones agitadas, las pieles y las agallas para encontrar los rastros de la sed, aquella que solo pueda y deba de ser al reconocernos como un fondo, un hendidura, como boca recién empapada.

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