Feria literaria
Viernes 13 de febrero
I.E. Tomás Carrasquilla
Josué Carantón
Un raudo y atontado conductor de taxi nos deja en un lugar de la vía al mar. Unas escaleras y una pendiente de 50 grados, es la escalada. Jadeo, sudor, y por fin las puertas de la institución educativa Tomás Carrasquilla. Un portero pregunta: ¿son los de la feria? Una respuesta corta, lo confirma.
Juan Gabriel sube a buscar al profe Nicolas, quien emana de un lugar encerrado y mágico, al cual en el fondo se le observan anaqueles repletos y lomos de libros. Las sillas dispuestas y organizadas le dan al espacio un caracter de sacralidad y reverencia.
Abajo los muchachos organizan los bafles y todo se dispone para el evento, la profe nos dice que los niños de quinto están solos, pues la profesora está en una capacitación, asi que la invitación se extiende a los de sexto, septimo y los preescolares, al estar sentados hacen su aparición los muñecos. Una mona le dice a los niños que les va a enseñar a hacer muñecos y eloos se emocionan. La toma de fotos me envian y me sacan de tan encantador espectaculo. En fin esta es otra feria en la que me quedo sin aprender a hacer muñecos y además sin conocer el desenlace de tan magna obra.
Hacer las fotos me lleva a recorrer los corredores de la institución y me enfrenta a una serie de nombres colocados en las puertas de los salones: Simón, el mago, San Antoñito y otros tantos, que me remiten a la obra de Carrasquilla, obra que sin miedo ni vergûenza reconozco que no he leído, por aquello de las modas y los best sellers. Aunque creo que algún día la leeré en orden como lo he hecho con otros escritores que no conocia. Del primero al último libro, uno tras otro, hasta llenarme de él, hasta lograr encontrar eso por lo que tanto se pavonean los eruditos y uno no entiende de donde lo sacan.
Mi ignorancia sobre el tema hace que deje de fijarme en los letreros y prefiera observar por las rendijas de las puertas de los salones de clase. Me concentro especialmente en los estudiantes que les importa un bledo lo que dice o deja de decir el respectivo profesor frente al tablero. Siento, a veces, rabia con ellos, con los alumnos, por irrespetuosos e irresponsables, con esos seres que se sacrifican y dan mucho de si por tratar de hacerles un aporte importante en su formación. Pero también pienso en los problemas alimentarios que no les permiten tener concentración debido a la deficiencias vitamínicas, haciendo que se comporten de forma dispersa e inquieta.
También pienso que, tal vez, su mente se encuentre añorando a un padre o a una madre ausente, o a problemas que nunca faltan y que en ciertos sectores esos son cosas, también, de niños. Un grito de los parvulos tratando de decirle a un títere dónde se esconde el otro, me devuelve a tierra y dejo de pensar en las realidades. Sus rostros sonrientes y las caras alegres me alejan de mis pensamientos y por unos segundos creo estar viendo posible que existe para ellos un mundo mejor, asi sea sólo producto de la ficción e imaginación que se alimenta con lecturas.

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