No tengo que ponerme tétrico por que la vida no es un juego milimétrico.
Esparcidas en el aire acontecimientos matutinos que te dejan en desarme
Y aun así yo no me canso de alabarte.
Sabes que mis juegos son más que no quedar ciego llegar a viejo, que mi descendencia admire a un excelente espejo.
No te pongas serio
Tu mano suda empuñada, el barrio no es nada comparado con un cuento de hadas.
Sabes que la vida es cada vez más cara y yo voy tropezando con cientos de mascaras.
Cada vez más y más sentimientos se enredan en mis letras, son mis metas las que aun se encuentran netas.
No te estoy pidiendo que cuando falte me toques trompetas, no te rías de tus ancestros mostrando las tetas.
Yerson Ortiz Orrego
I.E ASAMBLEA DEPARTAMENTAL 9º3
COMUNA 9
20/2/2009
FERIA N° 2
COMUNA 9
INSTITUCION EDUCATIVA ASAMBLEA DEPARTAMENTAL
PROMOTOR DE LECTURA: JUAN MORILLO
Está claro que el mundo es puramente paródico, es decir, que cada cosa que miramos es la parodia de otra, o incluso la misma cosa bajo una forma engañosa.
Georges Bataille
Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente: no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios será contigo en donde quiera que fueres.
Josué 1:9
Parada a orillas de la AV. Oriental, la mujer, de cabello rojo desordenado como voraz incendio, espera un bus que la acerque hasta la comuna número 4. Lleva una pesada maleta color negro que cuelga de sus hombros. Trabaja como Lectora. Tiene 20 años. Le gustan los gatos negros y las escaleras (pasa bajo una de ellas cada vez que las encuentra). Le gusta la sal. Los días 13, martes o viernes. Lee Cortázar, Poe, Bataille, Sade y Houllebecq. Usa converses® y jean roto en las rodillas. Y ahora, por cuestiones laborales (eso creo), lleva una camisa de color arequipe, muy estrecha y con los símbolos de una universidad reconocida en su ciudad. Tambien lleva un libro en su mano:
El amor dura tres años
Frédéric Beigbeder
Ed. Anagrama
2003
161pp.
Generalmente no sabe hacia dónde va, pero eso a ella no le importa. Al principio telefoneaba a su jefe y le preguntaba por direcciones, números telefónicos, calles, parques, rutas de transporte, hospitales y si el 1-2-3 todavía funciona. Como obtenía una respuesta vaga (la mayoría de las veces), optó por una solución práctica.
Ahora camina hasta la AV. Oriental y extiende la mano sin importarle quien se detenga y le pregunte: ¿Mami, hacia donde va? Ella ríe con incomodidad y saca un papel del bolsillo para preguntar qué bus sirve, cuál la acerca, cuál toma. Algunos no tienen la respuesta y los que la tienen siempre quieren algo a cambio de información: una mirada coqueta, una caricia en la mano, un beso en la mejilla, un teléfono, celular o fijo.
Así todas las tardes, algunas veces, las mañanas. Ella parada como hoy. Ella pensando en los informes que debe escribir si quiere cobrar, en la falta de dinero para el transporte, en la mancha de aceite en su pantalón, en los 120 niños que la aguardan en aquel colegio del que nunca ha escuchado, ni visto el uniforme, de diario o deporte. Ella pensando en la obra de teatro a la que irá en la noche, acompañada, si tiene suerte, del poeta que conoció en uno de los talleres de lectura, una tarde de lluvia, el mes pasado.
Parada a orillas de la AV. Oriental, la mujer, de pelo rojo y desordenado como voraz incendio, observa: San Cristóbal 200. No, ese no. Aranjuez 241a. No. Robledo 250. No. Aranjuez 254. No. Buenos Aires 261. Casi, pero no. Robledo 250a La Huerta. En ese ya subí. Robledo 250a Upegui. En ese tambien. Belencito Corazón. No. San Cristóbal 201. No. Aranjuez 241a ¡Otra vez! ¿Pero, por qué? Belén Terminal. No. Belén parque. Noooo. TransMedellin 288. No. 12 de Octubre, Los colores 282. No, no ¡NO! 221 San Javier, La Loma. No, ahora no. Ese sirve la próxima semana. Santa Mónica 202. No ¿Pero por qué tarda? Tres esquinas 106. No. Buenos Aires. Buenos Aires 260. 260. Sí, ese es. ¡Por Fin!
Hoy, pero no ayer (afortunadamente) ni mañana (así lo desea), casi resbala con el aceite aun fresco de las escaleras. Hoy la maleta se atascó en el torniquete. Hoy faltan $100 y tiene que guiñar el ojo al conductor si quiere que la deje pasar. Hoy viaja de pie. Hoy de nuevo vallenatos, y ayer, regueton, y antes de ayer, Salsa. Dios quiera que mañana sea Mozart o Black Sabbath. En cada rincón de la parte delantera del bus, encima del conductor, dos altavoces negros y pesados, con los cuales goza, y obliga a gozar a los pasajeros, de una selecta pieza tropical de Silvestre Dangond, el hit del momento en las emisoras locales:
Cuéntale a quien está contigo que tu
te olvidaste de mi
que el tiempo te ayudo
que pudiste tirar nuestra historia de amor
que no fue muy difícil sacarme de ti
ah y cuéntale que jamás junto a mi volverás
que tus padres al fin tuvieron la razón
que yo nunca iba a ser para ti lo mejor
que yo siempre seria nada más que un don Juan
y que no se entere
que pa´ besarlo te imaginas mis labios
que no me olvidas que aun me sigues amando
que soy el sueño del cual no quisieras despertar
que no imagine que sin equivocarte dices mi nombre
que me mencionas por que yo soy tu hombre
y no es por gusto que con el ahora debas estar.
Desconocemos la razón pero sospechamos que no es la despechada melodía, lo que explique de algún modo la mirada desapasionada que imprime a todas las cosas que pasan frente a sus ojos. Estos artefactos, que tienen el color de una flor marchita amarilla, observan desde la sucia ventana, algún punto ciego que, sospechamos de igual modo, nada tiene que ver con el insoportable tráfico de mediodía.
Es mejor volver a la lectura. El libro por el momento puede resultar más interesante que el desorden y el caos que habita la ciudad. Su ex novio lo dejó hace dos noches en el dintel de la puerta junto a una nota hibrida de suicida y romántico. Abre las primeras páginas donde subrayó hace ocho horas las siguientes líneas:
Al principio todo es hermoso, incluso tú. No das crédito a estar tan enamorado. Cada día trae consigo su liviana carga de milagros. Jamás nadie en el mundo había conocido tanta felicidad. La felicidad existe y es muy simple: consiste en un rostro. El universo sonríe. Durante un año, la vida no es más que una sucesión de soleadas mañanas, incluso cuando nieva por la tarde. Te casas, lo antes posible: ¿para qué reflexionar cuando uno es feliz? Reflexionar te entristece; la vida debe ganar la partida.
El segundo año, las cosas comienzan a cambiar. Te has vuelto más tierno. Te sientes orgulloso de la complicidad que has establecido con tu pareja. Comprendes a tu mujer con sólo medias palabras; qué felicidad conformar un todo. Hacéis el amor cada vez menos y consideráis que no es grave. Estáis convencidos que el fin del mundo está muy lejos. Defendéis el matrimonio delante de vuestros amigos solteros, que ya no os reconocen. Tú mismo, sin ir más lejos, ¿estás realmente seguro de reconocerte cuando recitas la lección aprendida de memoria y resistes la tentación de fijarte en las señoritas ligeras de ropa que iluminan la calle?
El tercer año, ya no resistes la tentación de fijarte en las señoritas ligeras de ropa que iluminan la calle. Pronto llega el momento en que no puedes soportar a tu mujer ni un segundo más, porque te has enamorado de otra. Sólo hay un punto en el que no te habías equivocado: efectivamente, la vida tienen la última palabra.
Y si el poeta apareciera en este momento, caminando por el corredor del bus, con su chaqueta de cuero y sus jeans apretados. Ella ocultaría el libro para que el poeta no se enterara tan pronto de una verdad que puede descubrir dentro de tres años. Por ahora es mejor que no sufra. Ya veremos más adelante si se atreve a contarle la verdad acerca del amor.
Calles que suben, estrechas y peligrosas. Calles que bajan, amplias y ahuecadas. Calles que cruzan a la derecha y luego a la izquierda para volver a cruzar de nuevo, a la derecha y desembocar en un callejón con salida a una iglesia, santa Mónica me parece, detenerse un instante, bajar el volumen de la irritante música para santiguarse y pedir en silencio un favor, más vida, el perdón del enemigo, el olvido. Aumentar de nuevo el volumen de la insoportable música y arrancar veloz, raudo y peligroso. Calles que suben con los vallenatos de Diomedes Díaz. Calles que bajan con Wisin & Yandel. Calles que cruzan a la izquierda con Daddy Yankee y a la derecha con Silvestre Dangond (otra vez ¿Es qué no se cansan?) Y, finalmente, después de tres o cuatro canciones más, la mujer de cabello rojo y desordenado como voraz incendio ha llegado a la IE La Asamblea Departamental.
Un vigilante detrás de una estrecha reja color crema le pregunta su nombre, qué hace, a donde va, de parte de quien viene, si tiene carné, si tiene novio, si esta libre el sábado para ir al cine y comer helado.
Una profesora detrás de su asiento le pregunta cuál es su nombre señorita, a qué se dedica señorita, que va a hacer con los muchachos, señorita, en qué universidad estudia, le gusta lo que estudia, tiene novio ¿No? Es una lástima. Una mujer tan linda como usted no debería andar sola.
120 jóvenes sentados en un gran salón de columnas y arcos terracota preguntan cuál es su nombre preciosa, a que se dedica preciosa, que nos va a enseñar, preciosa, cuando comenzamos, esos dos señores detrás suyo quienes son, tiene novio, preciosa, la podemos acompañar, cuando comenzamos.
La tarde transcurre entre música y lectura de libros. El sonido cadencioso de un reggae mezclado con la lectura de sus letras es el comienzo de una actividad de sensibilización de la lectura y optimización de los recursos de aprendizaje. Leer y escuchar música, escuchar música y leer para que los 120 jóvenes descubran que al final ellos mismos tambien pueden ser artesanos de su propia música y lectura. Satisfechos de la actividad, todos entregan las hojas de colores donde escribieron sus letras. Algunos salen a cantarlas y otros solo las leen. Al final, aplausos y premio a las mejores obras elegidas por voto popular.
Descenso solitario, con la maleta menos pesada y sin la necesidad de preguntar nada a nadie sobre rutas de transporte o direcciones. Descenso en silencio. Descenso triste. Es mejor caminar deprisa porque nubes grises y relámpagos anuncia otro día de lluvia.
El cuentero

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