04/02/2009
TALLER DE LECTURA 2
COMUNA 6
BARRIO MIRAMAR
PROMOTOR DE LECTURA: JUAN MORILLO
Aun recuerdo ese libro de segunda de los Hermanos Grimm; regalo hecho por unas primas adineradas que, aburridas de rayarlo y romper sus hojas, decidieron convertir el maltrecho ejemplar en una obra de caridad. El título completo era “Cuentos para todos los días de los Hermanos Grimm”. Y efectivamente, todos los días, en la noche, leía un cuento y dibujaba la siguiente figura Ö en el índice para llevar la contabilidad de mi propia lectura.
TALLER DE LECTURA 2
COMUNA 6
BARRIO MIRAMAR
PROMOTOR DE LECTURA: JUAN MORILLO
Aun recuerdo ese libro de segunda de los Hermanos Grimm; regalo hecho por unas primas adineradas que, aburridas de rayarlo y romper sus hojas, decidieron convertir el maltrecho ejemplar en una obra de caridad. El título completo era “Cuentos para todos los días de los Hermanos Grimm”. Y efectivamente, todos los días, en la noche, leía un cuento y dibujaba la siguiente figura Ö en el índice para llevar la contabilidad de mi propia lectura.
Algunos cuentos como La lámpara azul, la Historia de uno que hizo un viaje para saber lo que era miedo, Monte Simeli, Verdezuela, que la mayoría conocemos como Rapunzel, se han ido desvaneciendo de mi inconstante memoria porque nunca los terminé, les faltaba alguna pagina, casi siempre el final; contadas veces era el comienzo del cuento o el intermedio.
Nunca pude explicar esa coincidencia fatal que me obligaba casi siempre a imaginar finales que rozaban muchas veces la irregular línea del absurdo. Sospecho que a mis caprichosas primas les desagradaba el final de aquellos cuentos y en consecuencia la venganza era arrancarle las páginas al indefenso libro. Los que sobrevivieron a su espíritu destructivo, Rumpelstilzchen, Federico y Catalinita, Los tres pelos de oro del diablo, Las tres hilanderas, El sastrecillo listo, los pude leer hasta el final, varias veces sin cansarme nunca y sin pensar donde pondría el próximo Ö si el margen derecho ya no dejaba poner otro signo más.
Y Hay uno muy especial entre todos ellos, como estrella única y guía espiritual de muchos niños: Los hermanos Hansel y Gretel. De ellos tuve oportunidad de hablar esta tarde a los niños que llegaron a La Calle de los Negritos en el barrio Miramar.
Y es que en un país de Hansel´s y Gretel´s, con pies descalzos, estomago vacio y una botellita en la mano para no sentir miedo; caminando todo el día, no por bosques de cipreses y palomas sino por calles ilimitadas de ciudades amuralladas, ciudades violentas y sucias, ciudades de ladrillo, cemento, asfalto, postes de electricidad, canecas de basura, perros callejeros, muerte y olvido; en un país tal, no queda sino recurrir a esta fabula, mejor que cuento, para enseñar la fortuna de tener un hogar, una protección, la mayoría de veces defectuosa, pero necesaria para que los Hansel y las Gretel que aun no han huido de sus padres o aun no han sido abandonados por estos, como sí lo hicieron el leñador y la ama de casa que los hermanos Grimm pusieron como progenitores de estos niños, disfruten y aprendan todo lo que en este espacio mínimo del universo se puede aprender y disfrutar.
Mientras el tiempo sigue el curso natural al que está sometido, la lectura se deshace en la lengua como un terrón de azúcar y los niños se hunden en la fantasía y la aventura.
Muchos de ellos solo salen un instante de su alucinado mundo para preguntar esta o aquella palabra, su significado, su importancia, su origen. Cuando la historia termina, todos reciben una hojita de colores donde van a escribir que sucedería y que haría cada uno de ellos si se perdiera en una ciudad tan grande como Medellín.
Ha pasado el tiempo, no solo el de este taller sino el de muchos talleres de lectura, pasados y por venir, y la ciudad aun se descubre en cada una de las hojas que estos niños escribieron.
Todo lo que leo en cada hoja me hace sentir seguro que ninguno de ellos correrá la suerte de los Hansel y las Gretel que esperan en el dintel de nuestras puertas, un plato de comida, una moneda, la satisfacción de un sueño, muchas veces vuelto pesadillas por las brujas que todos los días los explotan y no los alimentan nunca, como si lo hacía la buena bruja del cuento aunque después quisiera comérselos.
Ninguno caerá en las manos de ninguna bruja, ni buena (aparentemente) ni mala, mientras en cada padre y madre haya el deseo de enseñarles y llevar cultura y educación a sus hijos. Lo único que me resta desearles es que ellos tambien tengan unas primas como las mías, esperándolos con un libro en la mano.

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