lunes, 2 de febrero de 2009

Santa Rosa de Lima

CAJA VIAJERA
Esta feria se realizó en un patio alterno de la iglesia de San Javier, por el sector de Santa Rosa de Lima, aquí reunidos con un grupo de mujeres, niños y niñas se dio inicio a la lectura de cuentos, pero antes de esto, se hizo una particular lectura de las cartas que los más grandes habían elaborado en el taller literario, y los cuentos que los niños y niñas habían realizado con antelación. En esta lectura pudimos darles la oportunidad de reconocerse y darse a conocer públicamente desde sus escritos, en los cuales manifestaron sus sentimientos, sus emociones, sus placeres y su manera propia de entender y habitar el mundo y a la vez de darle significado.

Los cuentos de los niños fueron todo un despliegue de creatividad, y fantasía, estuvieron marcados por diferentes situaciones que han acontecido en su corta vida, dejando que estas, unidas a los recursos literarios que fueron adquiriendo en el taller, fueran unos verdaderos relatos, llenos de emoción, energía, aventura y sobre todo, llenos de una gran capacidad creadora. En estos cuentos encontramos también la urgencia que tienen los niños de contar sus cosas, sus experiencias y que de una u otra manera sean reconocidos por los adultos, que guiados por ese instinto infantil que aún los asiste, estén en la capacidad de gozar con ellos y hacer los mismos viajes por el fantástico mundo de las letras.

En la lectura de las cartas que elaboraron los adultos, también pudimos descubrir una magnifica capacidad creadora, capacidad para expresar incluso sus sentimientos más íntimos, más personales, e incluso, una habilidad sensacional para manifestarse mediante las cartas , de tal manera que esas cartas fueron para nosotros un verdadero viaje por el pasado de los novios, de los amantes o de los hijos que escribían cartas para dar razón de lo que les acontecía en esos momentos de su vida, también comprobamos que es un hecho lamentable el que cada día sean menos las cartas que se escriben y se reciben y que estas, escritas a puño y letra han sido reemplazadas por algunos mensajes prefabricados del correo electrónico.

Al terminar esta maravillosa lectura, compartimos con los participante la lectura de algunos cuentos infantiles, que los llevaron por esos mundos olvidados de la tradición oral, de los cuentos de las abuelas, sentadas en los baúles de las cocinas, esos cuentos fantásticos que ya nadie cuenta pero que muchos, por no decir que todos quieren oír. Dentro de esos cuentos se relataron algunos para los más chicos, otros para los más grandecitos y otro para los grandes, de tal manera que todos se dejaran seducir y encantar por el hechizo salvífico de la literatura y sobre todo de los cuentos infantiles.

Este sector no fue la excepción a la hora de ayudarnos a concluir que estos espacios cada vez se hacen más necesarios y más indispensables para el desarrollo cultural y el progreso social en cada una de las comunidades. Este tipo de encuentros no pueden ser casuales en la vida interna de cada sector, por el contrario, deben convertirse en un gran proceso que alimente el crecimiento individual y colectivo y permita entonces mejorar los procesos de convivencia y aprendizaje de nuevas maneras de leer y habitar el mundo.Para la comuna y para nosotros fue muy grato haber llevado a cabo esta feria literaria y esperamos, como esperamos siempre haber dejado una semilla que de frutos.

27/01/2009
BIBLIOTECA SANTA ROSA DE LIMA
TALLER DE LECTURA
PROMOTOR DE LECTURA: JUAN MORILLO
J. L. Borges decía del paraíso que lo soñaba siendo una biblioteca de Infinitas galerías hexagonales cuyos anaqueles no superan en altura el tamaño que tienen los de una biblioteca normal. Y, entre estos panales de libros, pozos de ventilación y barandas donde apoyarse para reposar el cuerpo agotado que recorre los pasillos del extraño paraíso. También hay letrinas, donde el “imperfecto bibliotecario” puede descansar de sus necesidades más apremiantes, y escaleras para viajar en sentido vertical cuando la línea recta sea menos interesante que el ascenso. Abro el viejo libro donde leí con asombro la impía fantasía porque nunca se puede estar seguro de la memoria y su evasivo contenido. Sí, el paraíso es el que acabo de contar.

¿Pero por qué una biblioteca y no el mullido colchón de inmaculadas nubes eternamente bañadas por el resplandor de Dios? ¡Sueño misterioso el de Borges¡ He buscado algo parecido a ese sueño y si bien han existido aproximaciones, ninguna de las bibliotecas que he visitado o he conocido, en imágenes o viajes virtuales, ha logrado satisfacer la imaginación del gaucho escritor. Bibliotecas clásicas con lámparas de araña suspendidas de cúpulas de mármol blanco o bibliotecas modernas que son cajas de cristal, aluminio y luces blancas que nunca se apagan, en nada se parecen a ese paraíso de libros y lectores a full time que Borges describe con precisión en la Biblioteca de Babel.

En cada país, capital, ciudad, villorrio o pueblo, existe una biblioteca, pero ninguna logra el objetivo. Y aunque la vida se extendiera hasta el infinito para conocerlas todas, de nada serviría porque ningún paraíso se conoce en vida. Por lo pronto, basta conformarse con las pocas que sobreviven, con las que no han caído en el olvido y el abandono. Por lo pronto, quiero escribir algo sobre la última que visité, para que no caiga ella también, en el olvido y el abandono; para que durante un instante los rostros de las personas que me acompañaron en este pequeño paraíso, tampoco caigan en el olvido y el abandono.

Esta biblioteca se encuentra en el interior de otro paraíso o reflejo de paraíso y para entrar hay que cruzar primero, un largo corredor custodiado por santos y santas de tiempos inmemoriales, de tiempos católicos y cristianos donde hombres y mujeres soñaban con el perdón de sus culpas y la remisión de sus pecados a través de la oración, el ayuno y el sacrificio. De esa época heredamos la promesa de una vida después de la vida y el retorno al lugar del que procedemos y que todos conocen como el paraíso. Me detengo un instante y me siento en una de las bancas. Al frente un anciano murmura algo que no alcanzo a escuchar; permanece de rodillas con la frente apoyada en el respaldar de la banca contigua. Una oración a Dios, espero que lo escuche, murmuro también, mientras me levanto para continuar con mi tarea de encontrar la biblioteca.

Mis pasos se escuchan por toda la nave y me asusta pensar que pueda interferir con los pensamientos, no solo del anciano sino de todos los que han encontrado, en este reflejo del paraíso, una respuesta, una bendición, la salvación, el perdón, la paz necesaria para seguir caminando por el mundo sin ocasionar daño ni ser víctima del daño que otros puedan causar. Cerca del atrio una luz resplandeciente me indica el camino que debo tomar. Cruzo a la derecha y salgo al exterior. Un gran edificio amarillo a mis espaldas. He abandonado la iglesia pero a un lado, en una habitación que todavía forma parte de esta y que conserva con integridad los mismos detalles arquitectónicos, encuentro otro paraíso, de un solo piso, anaqueles verdes de madera, libros viejos, sillas azules y aire fresco proveniente del exterior y no de un aparato de ventilación.

Biblioteca bastante particular porque dentro de una iglesia lo que menos se espera encontrar son libros, muchos de ellos tal vez pongan en duda la fe, Dios, el más allá y sin embargo ahí están, conviviendo como no podría convivir el lobo y el cordero. Santa Rosa de Lima no es solo una iglesia de una comuna de Medellín, es también una Biblioteca. Y hasta aquí llegamos en este viaje literario que emprendimos hace más de un mes con el propósito de reavivar el viejo placer de LEER.

Hombres y mujeres ancianos nos esperan con la paciencia de los estudiantes aplicados. Una “Carta a una señorita en París” es el comienzo de una tarde agradable de literatura. Todos escuchan incrédulos la historia de un hombre que se excusa con su amada André por vomitar conejitos de colores por la boca. Y aunque los conejitos puedan resultar tiernos en principio, se convierten con el paso del tiempo, en feroces animales que destruyen el apartamento de André. Los ancianos sonríen pero no creen y las preguntas llegan tan rápido que cuesta trabajo responderles a todos y dejarlos satisfechos con la respuesta. De todos modos continuamos, conducidos por la adorable voz de una señora de pelo violeta y ojos azules; entre risas y rostros asombrados llegamos al final que no era más que el comienzo de otra actividad: crear nuestras propia carta.

Cartas al hijo errabundo en tierras extranjeras, cartas de agradecimiento a la madre, cartas deseando pronta recuperación al amigo enfermo, cartas al amante nunca olvidado, cartas, cartas, cartas de amores extraviados, de amores recuperados, de “amores ridículos”, de amores turbulentos, de amores eclipsados por el tiempo que lo borra todo como comienza a borrar la tarde que vivimos. Han pasado dos horas y un poco más, todos han escrito su propia carta y la mayoría han leído lo que las inquietas manos hicieron con el papel y el lápiz para que algo de ellos quede en nosotros. Entre aplausos todos nos dependimos fraternalmente, con la agradable sensación de que algún día regresaremos a este paraíso no solo de santos sino de libros y lectores a full time; y aunque nunca encontremos ese edén literario con el que comencé este informe, espero que las pocas palabras que pude escribir acerca del que conocí en Santa Rosa de Lima sean suficientes para recordar que un solo libro en las manos de un hombre son suficientes para vivir un paraíso.
PLASTICREANDO
PAULO CESAR DAVID DIAZ
Martes 27 de Enero 2009.

Un grupo de 20 niños y niñas participaron del taller Plasticreando. El cuento elegido fue “Ahora no, Bernardo”. Un inconveniente que se presentó fue el excesivo calor de esa tarde, lo que dificultó el manejo de la plastilina por parte de los niños y niñas. Aún así, con este escollo de por medio los participantes estuvieron muy motivados en desarrollar sus personajes a partir del cuento propuesto y también se les propuso hacer una composición como temática las vacaciones de cada cual. La gran mayoría de los participantes de taller no se acordaban de la historia leída y prácticamente hubo que reforzar explicándoles el cuento. El taller tuvo una duración aproximada de 1 hora.



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